Sábado 14 de noviembre. El Festival de Jazz de Cartagena programó una magnífica sesión doble. En primer lugar, Cassandra Wilson, considerada como la mejor cantante de jazz de la actualidad. Su concierto se centró básicamente en Loverly, uno de sus últimos álbumes. Desde su primera canción, una versión del estándar Caravan, consiguió maravillar al público.
A continuación, John Scofield & The Piety Street Band nos ofrecieron un concierto casi calcado del que dieron en Alicante en diciembre de 2008. El mítico guitarrista de jazz recorre ahora con esta banda los caminos de la música de Nueva Orleans. Sobresalió la magnífica versión del Angel of Death de Hank Williams. Destacable también Jon Cleary, voz, teclados, e, incluso, guitarra.
Langston Hughes (1902-1967), poeta, novelista y periodista afroamericano es sobre todo conocido por ser uno de los impulsores del despertar literario, artístico y musical de Harlem de los años 20 y 30 denominado Renacimiento de Harlem. Durante la Guerra Civil trabajó como corresponsal en España, donde conoció entre otros a Pablo Neruda, Miguel Hernández, Rafael Alberti, y tradujo la poesía de Federico García Lorca. Es poco conocido en lengua castellana, a pesar de que Borges y Nicolás Guillén tradujeron su poesía.
Una de las características de su poesía es la imitación del ritmo y de las estructuras armónicas del jazz y del blues.
CANCIÓN DE AMOR EN UN JUKE BOX
Tomaría la noche en Harlem y te envolvería con ella, Tomaría las luces de neón y te haría una corona, Tomaría los autobuses de la avenida Lenox, Taxis, metros, Y bajaría el volumen de su estruendo para escribirte/ una canción de amor. Tomaría el latido de Harlem, Y lo haría redoble de tambor, Lo grabaría en un disco, lo haría girar, Y mientras lo escucháramos, Bailaría contigo hasta el amanecer, Bailaría contigo, mi dulce chica morena de Harlem.
LA CHICA DEL JAZZ
¿JAZZ? ¿Te acuerdas de aquella canción Del viento en los árboles Cantándome bonitas melodías? Estaba muy bien, ¿verdad? ¿Oyes ese violín? Eh, tío, sabes, Es primavera y en el campo Crecen las flores. ¡Los de la banda! ¡Tocad! ¡Cielo santo, qué cansada estoy! Claro, venga, Invítame a un trago.
En 1955 colaboró con el fotógrafo Roy DeCarava en The Sweet Flypaper of Life. El escritor y el fotógrafo se propusieron retratar en esta obra el alma de Harlem y de sus gentes.
Las fotografías de esta entrada pertenecen a Roy DeCarava, fallecido hace unas semanas (octubre de 2009) en Manhattan a la edad de 89 años.
El 29º Festival de Jazz de Cartagena celebrado entre el 6 y el 21 de noviembre de 2009 ha ofrecido un excelente cartel y extraordinarios conciertos.
El 12 de noviembre tuvo lugar el concierto de Brad Mehldau (piano), acompañado de Larry Grenadier (contrabajo) y Jeff Ballard (batería). El mejor pianista de jazz de la actualidad, y opinan como yo voces más autorizadas, ofreció lo que en él es norma: un concierto sublime, desbordante de matices, de sensibilidad y de sutileza. Memorable.
Tras la publicación de El veredictohe leído una y mil veces en distintas sitios y blogs que en esta novela Michael Connelly reúne "a sus dos mejores personajes. "
A estas alturas resulta imposible averiguar quién es el autor original de esta opinión. Lo cierto es que en Internet los comentarios, rigurosos o no, científicos o humorísticos, objetivos o subjetivos, reales o ficticios, se difunden a mayor velocidad que la gripe y enseguida adquieren la categoría de dogma de fe. Además, se piratean y repiten sin rubor y sin citar la fuente.
Larry Sanger, uno de los fundadores de Wikipedia lo resumió con clarividencia: "Internet produce una enorme cantidad de basura y de cosas excelentes." El gran defecto de los buscadores web es que ordenan los resultados de la búsqueda no por su rigor científico o por su calidad sino por un ranking basado en el número de enlaces que conducen a determinada página. A más vínculos, más ranking, lo que casi nunca garantiza una información fiable ni contrastada.
A lo que iba. El caso es que no estoy en absoluto de acuerdo con la idea de que Harry Bosch y Mickey Haller sean los dos mejores personajes de Connelly. Tal afirmación supone, por lo menos, ignorar a Terry McCaleb. En mi opinión un personaje mejor construido, más redondo, más humano y cercano que el abogado Haller. Quizá más de un aficionado a la crítica desconozca las novelas protagonizadas por el antiguo agente del FBI.
Terry McCaleb es el protagonista de Deuda de sangre (Blood Work, 1998). Tras recuperarse de un trasplante de corazón acaba investigando el asesinato de su donante. Esta novela era imposible de encontrar desde hace años y ha sido reeditada ahora por Bruguera para el sello Zeta Bolsillo. En mi opinión se trata de una de las mejores narraciones de Michael Connelly. Clint Eastwood la llevó al cine en 2002 de manera bastante correcta.
Posteriormente, en Más oscuro que la noche(A Darkness More Than Night, 2001) coinciden Harry Bosch y Terry McCaleb. Y es que entremezclar a sus personajes es un recurso que Connelly ya utilizaba antes de El veredicto. Por último, en Cauces de maldad(The Narrows, 2004) Bosch investiga la muerte de McCaleb.
Así que, en mi opinión, Deuda de sangre reúne a los dos principales personajes de Michael Connelly: Harry Bosch y Terry McCaleb. Seguro que muchos estáis de acuerdo conmigo.
El día 1 de diciembre se pone a la venta Invisible, la última novela de Paul Auster. Éste es el primer párrafo de la obra:
Le estreché la mano por primera vez en la primavera de 1967. Por entonces yo era un estudiante de segundo curso en Columbia, un muchacho sin formar con ansia de libros y la creencia (o ilusión) de que algún día tendría las suficientes cualidades para considerarme poeta, y como leía poemas, ya conocía a su tocayo del infierno de Dante, un muerto que iba arrastrando los pies por los últimos versos del canto veintiocho del Inferno. Bertran de Born, el poeta provenzal del siglo XII, que llevaba cogida del pelo su cabeza cortada, haciéndola oscilar de un lado a otro como un farol: sin duda una de las imágenes más grotescas de ese extenso catálogo de alucinaciones y tormentos. Dante era un defensor incondicional de los escritos de De Born, pero lo redujo a la condenación eterna por haber aconsejado al príncipe Enrique que se rebelara contra su padre, el rey Enrique II, y como el poeta originó la división entre padre e hijo convirtiéndolos en enemigos, el ingenioso castigo de Dante fue dividirlo a él mismo. De ahí el cuerpo decapitado que va gimiendo por el inframundo, preguntando al viajero florentino si puede haber dolor más terrible que el suyo.
En 1967, Adam Walker, un joven poeta ávido de vida y literatura, estudia en la Universidad de Columbia, se opone a la guerra de Vietnam y es muy apuesto. Una noche, en una fiesta de estudiantes, conoce a una pareja de franceses sofisticados, Rudolf y Margot. Tras varios días en que ambos ejercen su ambigua seducción sobre el inocente americano, Rudolf, le ofrece a Adam la dirección de una revista literaria que él financiará. Adam ya sospecha que quizá el profesor sea un hombre peligroso, pero no puede resistirse a su oferta. Y tampoco se resistirá a la insinuante Margot... Pero, en estos juegos peligrosos, ¿quién es la presa y quién el cazador? «Con unos personajes fascinantes, una estructura en espiral y un final digno de Joseph Conrad y El corazón de las tinieblas, es una novela de un suspense impecable, inteligente e inquietante» (Donna Seaman, Booklist); «Posiblemente nos encontramos ante la mejor novela de Auster» (Don McLeese).
Leo en efe eme que Wilco ha organizado un concurso de haikus. El tema tiene que estar relacionado con la banda de Jeff Tweedy. Para concursar, envía tus minimalistas poemas de origen japonés a haiku@wilcoworld.net
A modo de inspiración, la canción Jesus, etc de su álbum Yankee Hotel Foxtrot (2002)
La Superbe (2099) es el último disco de Benjamin Biolay. En el videoclip de la canción que da título al álbum se acompaña de Marie Agnes Gillot, estrella de la danza francesa. El clip demuestra que sin demasiados recursos técnicos y buenas ideas se consiguen estupendos resultados. Extraordinaria realización. Un único plano secuencia, ¿no?
El primer disco de Benjamin Biolay fue Rosse Kennedy (2002). Un impacto en media Europa. Incluye memorables canciones como Los Angeles.
Rosse Kennedy sorprendió por su mezcla de chanson francesa, pop, jazz... y, entre otros muchos recursos, por dos sampleados de Marilyn Monroe (de la película River of no return, 1954). Uno de ellos se escucha en Les cerfs volants, una de las piezas más brillantes del disco.
Négatif (2003), su siguiente obra, disco doble, le encumbró definitivamente como el último genio de la canción francesa.
Neil Young reedita sus primeros cuatro, extraordinarios, discos: Neil Young (1969), Everybody Knows This Is Nowhere (1969), After The Goldrush (1970) y Harvest (1972). Las grabaciones se pondrán a la venta en formato de vinilo y de CD.
Para celebrar la noticia os pongo el vídeo de Out on the Weekend, la canción que abría Harvest.
Philip Kerr (Edimburgo, 1956) obtuvo recientemente el Premio Internacional de Novela Negra RBA en su tercera edición con la novela Si los muertos no resucitan, sexta entrega de su conocida serie Berlin Noir.
Las novelas que componen Berlin Noir están protagonizadas por el detective privado Bernie Gunther y ambientadas en Berlín, en el período transcurrido entre 1936, en pleno nazismo, y 1948, cuando los países aliados han desmembrado el país.
Violetas de marzo (1989) es la primera novela de la serie. El título se refiere al apodo que recibían los advenedizos que aprovechaban el ascenso nazi para hacer carrera. En ese contexto el antiguo inspector de la Kripo Bernie Gunther se ve obligado a dejar la policía debido a la purga efectuada por Goering. Tras ganarse la vida como detective del hotel Adlon, se hace investigador privado obligado a aceptar “casi cualquier cosa, excepto divorcios”. Una de sus habituales e imposibles tareas consiste en localizar judíos desaparecidos.
En los días previos a los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936 cuando Jesse Owens se encargó de desmontar la teoría de la superioridad aria, Gunther recibe la llamada de Hermann Six, un empresario millonario cercano al régimen nazi, para que investigue el asesinato de su hija y de su yerno, además del robo de unas valiosas joyas.
La investigación le lleva a conocer personalmente a inquietantes personajes como Goebbels (Ministro de Propaganda) o Heydrich (Jefe de la Gestapo), que le obsequia con una estancia en el primer campo de concentración del Reich, Dachau (“El trabajo te hace libre”, su sarcástico lema). Finalmente, aclara el caso, pero no consigue encontrar a Inge Lorenz, su amante desaparecida (“Desaparecer está haciendo furor, todo el mundo lo hace”) . Y es que “a veces, ni siquiera Bernie Gunther consigue algo.”
En la continuación, Pálido criminal (1990), Heydrich vuelve a complicarle la vida a Bernie Gunther. En esta ocasión le obliga a regresar a la Kripo para investigar los asesinatos y violaciones en serie de jóvenes arias que alguien quiere hacer creer son obra de algún judío.
Las dos primeras novelas de Berlin Noir se caracterizan por tres cualidades. En primer lugar, la poderosa y absorbente personalidad del protagonista. Un personaje bien construido, reacio a seguir las indicaciones ajenas, duro, violento a veces, ambiguo en su relación con los nazis cuando se trata de “pasar desapercibido y de evitar problemas”, con buen ojo y éxito con las mujeres, y, sobre todo, tremendamente cínico.
En segundo lugar, la extraordinaria documentación realizada por Philip Kerr, perfecta para profundizar en una época crucial de la historia europea.
Por último, la ágil prosa del autor, en la que destaca sobre todo un humor cáustico, en muchos casos surrealista, en la línea del Groucho Marx más inspirado. Un par de ejemplos:
“Según mi experiencia nunca se puede elogiar demasiado a una mujer, del mismo modo que nunca se le pueden dar demasiadas galletas a un perro.”
“Todavía tengo que encontrar un abogado que no sea capaz de robarle los ahorros a su madre; los ahorros y el colchón donde los esconde.”
Sorprende encontrar un sentido del humor, tan particular, tan negro en ocasiones, en la narración de la tragedia y del horror de la época nazi, que Kerr denuncia con firmeza.
En resumen, magnífico y adictivo inicio de la serie Berlin Noir, editada por RBA.
Cuenta Murakami Haruki que cierto día de 1978 se encontraba presenciando un partido de béisbol. Durante un momento del juego, decidió hacerse escritor. Al regresar a su casa comenzó a escribir. En aquella época, era propietario de un café jazz llamado Peter Cat (ya mostraba públicamente su afición por los gatos). Varios meses después, aprovechando sus ratos libres, terminó su primera novela, Kaze no uta wo kike (Escucha al viento), con la que ya obtuvo un premio literario. El éxito inicial le animó a continuar con la literatura.
En 1980 públicó 1973-nen no pinbōru (Pinball, 1973). En 1982 llegó Hitsuji wo meguru bōken(La caza del carnero salvaje), con la que continuó ganando premios. Estas tres novelas son conocidas como La trilogía de la Rata (o del Ratón) por la presencia en ellas del personaje apodado Ratón. Murakami consideró que sus dos primeras obras eran flojas y se opuso a su traducción a otras lenguas. En cambio, afirma que con la tercera sintió por primera vez “la alegría de contar una historia.”
Supongo que por esos motivos La caza del carnero salvaje es la única novela de la trilogía traducida al español. El reciente éxito comercial del más famoso autor japonés en España ha hecho que Anagrama la reedite en formato de bolsillo en su colección Compactos.
La caza del carnero salvaje es una narración con estructura de relato policial. El anónimo protagonista de la novela es obligado a emprender un viaje a una remota región para buscar un extraño y legendario carnero (metáfora del mal) que otorga poder a quien lo posee. En realidad, a quien es poseído por él.
Sin duda es una obra de aprendizaje de Haruki Murakami. En muchos momentos absurda y de ritmo titubeante. Su principal interés reside en que ya se pueden encontrar elementos de su poderoso imaginario narrativo y algunas de las constantes de su obra como la omnipresencia de personajes solitarios o las referencias a la música y a la literatura occidentales.
"La orquesta de Benny Goodman empezó a interpretar Air Mail Special. Charlie Christian la emprendió con un largo solo. Llevaba un sombrero flexible color crema. Era la última imagen que recordaba haber visto." (La caza del carnero salvaje)
Recordemos Air Mail Special de Benny Goodman con el solo de guitarra de Charlie Christian.
El veredicto (The Brass Verdict, 2008) es la segunda novela de Michael Connelly protagonizada por Mickey Haller. Tras la presentación del personaje en El inocente (The Lincoln Lawyer, 2005) volvemos a encontrarnos con el abogado defensor que no tiene bufete y que despacha sus asuntos a bordo de un Lincoln mientras recorre las avenidas de Los Angeles.
En esta ocasión, tiene que hacerse cargo de los casos de Jerry Vicent, un colega asesinado. El problema es que Haller lleva un año sin ejercer a causa de las operaciones sufridas tras ser tiroteado (El inocente), su posterior adicción a los calmantes y el proceso de rehabilatación correspondiente.
Cuando se dirige al despacho de Jerry Vicent para comenzar a estudiar los expedientes heredados se encuentra a Harry Bosch, que investiga el asesinato. Las primeras sospechas hacen pensar que el crimen guarda relación con la defensa de Walter Elliot, poderoso productor cinematográfico de Hollywood, acusado de matar a su mujer al sorprenderla en compañía de su amante.
De esta forma coinciden en la misma novela dos de los principales personajes de Michael Connelly. Además, también aparece brevemente Jack McEvoy, protagonista de El Poeta (1996) y de The Scarecrow (2009). Esta interrelación de sus principales personajes es un recurso muy querido por Michael Connelly, habitual en su mundo literario. Recordemos, por ejemplo, cómo en Más oscuro que la noche (2001) reunía a Bosch con Terry McCaleb.
El título original de la novela, The Brass Verdict, respetado en mayor medida por la edición francesa, Le Verdict du plomb, nos sitúa de pleno en el tema de la obra. "El veredicto de plomo" se refiere a la justicia callejera de aquellos que a base de balas administran su particular justicia, ya que no confían en la oficial. La denuncia de la corrupción judicial es la tesis de Connelly en esta novela. Un punto de vista crítico que le sitúa al lado de los grandes nombres del género negro estadounidense. En este sentido, el primer capítulo, ya muy citado, y absolutamente representativo de su narrativa, fija desde el inicio el discurrir temático de la novela.
“Todo el mundo miente. Los policías mienten. Los abogados mienten. Los testigos mienten. Las víctimas mienten. Un juicio es un concurso de mentiras. Y en la sala todo el mundo lo sabe. El juez lo sabe. Incluso los miembros del jurado lo saben...”
El veredicto es una interesante novela en la que Mickey Haller, tras su presentación en El inocente, adquiere consistencia literaria. Aunque intervenga de forma decisiva para aclarar el turbio asunto que se nos presenta, Harry Bosch es sólo un personaje secundario.
A pesar de ello, esta obra es básica para entender la evolución y la personalidad de Harry Bosch. El principal personaje de Michael Connelly, como un moderno Edipo estadounidense, emprendió en las primeras novelas de la serie (fundamentalmente en El último coyote, 1995) un proceso de conocimiento de sí mismo que le impulsó a investigar el asesinato de su madre y la identidad de su padre y que concluye ahora en El veredicto con el reconocimiento (la anagnórisis clásica) de su hermano Mickey Haller. En la última entrega, Nine Dragons, recientemente publicada en el mercado anglosajón, Harry Bosch deberá enfrentarse al secuestro de su hija Maddie.
Michael Connelly: El veredicto, Rocaeditorial, 2009.
La noche del 9 de noviembre de 1989 cayó el Muro de Berlín. Cuando se cumplen veinte años de este hecho histórico podemos recordar una canción inspirada en la existencia del llamado Muro de la Vergüenza.
En 1977 David Bowie se trasladó a vivir a Berlín. En su etapa alemana grabó tres discos conocidos en su conjunto como La trilogía de Berlín. Uno de esos tres discos fue Heroes (1977), que incluye la canción que le da título, una de sus composiciones clásicas. La música fue compuesta por David Bowie y Brian Eno. Ese mismo año se publicó Helden, la versión alemana.
En cuanto a la letra, tiene su pequeña historia. Bowie vivía en un apartamento, antiguo comedor nazi, con vistas al Muro de Berlín. Una tarde observó como Tony Visconti, el productor del disco, besaba a una mujer. De ahí surgió la canción de dos amantes separados por el Muro, cada uno a un lado de la ciudad, que pueden ser "héroes" sólo durante un día.
Ahí va mi traducción libre de la letra:
HÉROES
Yo Yo seré rey Y tú Tú serás reina Aunque nada Los alejará Podemos derrotarlos Sólo por un día Podemos ser héroes sólo durante un día
Y tú Puedes ser mala Y yo Beberé todo el tiempo Porque somos amantes Y esa es la realidad Sí, somos amantes Y esa es la realidad
Aunque nada Nos mantendrá unidos Podríamos robar el tiempo Sólo por un día Podremos ser héroes Por siempre jamás ¿Qué te parece?
Yo Yo desearía que pudieras nadar Como los delfines Como nadan los delfines Aunque nada Nos mantendrá unidos Podemos derrotarlos Por siempre jamás Oh, podemos ser héroes sólo durante un día
Yo Yo puedo recordar De pie Junto al Muro Y las pistolas Disparando sobre nuestras cabezas Y nos besamos Como si nada pudiera caer Y la vergüenza Estaba al otro lado Oh, podemos derrotarlos Por siempre jamás Entonces, podremos ser héroes Sólo por un día
Podemos ser héroes Podemos ser héroes Podemos ser héroes Sólo durante un día Podemos ser héroes No somos nada Y nada nos ayudará Quizá estamos mintiendo Entonces mejor no te quedes Pero podríamos estar a salvo Sólo durante un día.
HEROES
I I will be king And you You will be queen Though nothing will Drive them away We can beat them Just for one day We can be Heroes Just for one day
And you You can be mean And I I'll drink all the time 'Cause we're lovers And that is a fact Yes we're lovers And that is that
Though nothing Will keep us together We could steal time Just for one day We can be Heroes For ever and ever What d'you say
I I wish you could swim Like the dolphins Like dolphins can swim Though nothing Will keep us together We can beat them For ever and ever Oh we can be Heroes Just for one day
I I will be king And you You will be queen Though nothing Will drive them away We can be Heroes Just for one day We can be us Just for one day
I I can remember Standing By the wall And the guns Shot above our heads And we kissed As though nothing could fall And the shame Was on the other side Oh we can beat them For ever and ever Then we can be Heroes Just for one day
We can be Heroes We can be Heroes We can be Heroes Just for one day We can be Heroes We're nothing And nothing will help us Maybe we're lying Then you better not stay But we could be safer Just for one day
Tras nueve novelas y un libro de relatos cortos, El hombre inquieto, la última obra de Henning Mankell, se anuncia como el adiós del inspector Kurt Wallander.
El hombre inquieto es Hakan von Enke, capitán de fragata retirado de la Marina sueca y, además, suegro de Linda, la única hija de Kurt Wallander. Durante su fiesta de cumpleaños el oficial le relata a Wallander cómo se vio involucrado en los sucesos ocurridos en los años 80 cuando submarinos soviéticos invadieron en varias ocasiones las costas suecas y los sectores más derechistas del país culparon entonces al Primer Ministro socialdemócrata Olof Palme. El inspector Wallander nota a su consuegro nervioso y demasiado preocupado por unos hechos ya lejanos. Poco tiempo después, von Enke desaparece durante su paseo diario por Lilljansskogen. Cuando Louise, la esposa del militar, sufre la misma suerte y posteriormente es hallada muerta, todo hace suponer que las incursiones submarinas rusas siguen teniendo repercursiones aunque hayan transcurrido casi treinta años. Kurt Wallander aprovecha unos días de sanción y unas pequeñas vacaciones veraniegas para investigar por su cuenta lo sucedido. Al final, en solitario, dejándose llevar por su intuición, es la única persona que logra desentrañar parte del misterio. En El hombre inquieto, aun más que en otras novelas de Mankell, la figura del entrañable inspector Wallander se eleva por encima de la trama, algo previsible. El rasgo más característico del famoso personaje de Mankell es su humanidad. No se tiene constancia en el olimpo del género negro de ningún otro detective (por definición, especie casi sobrenatural) que padezca insomnio, que enferme como cualquier otro mortal, que pierda los empastes dentales, que sufra derrotas en batallas de amor, que reciba multas de tráfico, que negocie créditos bancarios, que discuta con su padre y con su ex-mujer, que llore, que explote en arrebatos de ira y que, además, tenga tiempo para resolver con éxito sus investigaciones. En esta última entrega, Kurt Wallander, que ya es abuelo, tiene sesenta años y ha cumplido por fin su sueño de vivir en el campo, acompañado sólo por su perro Jussi. En soledad, enfermo de diabetes, con sobrepeso, y sufriendo los primeros síntomas de alzheimer, siente cómo se acerca el final. “La muerte había sido un componente más de su existencia desde el día en que, siendo muy joven, recibió una cuchillada a unos míseros centímetros del corazón. Cada mañana veía el rostro de la muerte en el espejo. Pero ahora... la sentía súbitamente cercana.” De forma autocompasiva y patética, según él, el inspector de la Comisaría de Ystad hace balance y resume el sentido de su existencia: “se había esforzado por formar parte de las fuerzas benignas en este mundo.” Por su cada vez más frágil memoria desfilan los recuerdos de sus seres queridos, los principales momentos de su vida (“El primero, el día en que me opuse a la voluntad de mi padre y me convertí en policía.”), sus inicios en la profesión de la mano del inspector Rydberg, sus más notables casos... En El hombre inquieto todo apunta a despedida. Incluso Baiba, su último amor, viaja desde Riga para decirle adiós en emotivas páginas. Y, por supuesto, Kurt Wallander se despide de nosotros. Lo vamos a echar de menos.
OBRAS DE HENNING MANKELL PROTAGONIZADAS POR KURT WALLANDER Asesinos sin rostro (Mördare utan ansikte, 1991) Los perros de Riga (Hundarna i Riga, 1992) La leona blanca (Den vita lejoninnan, 1993) El hombre sonriente (Mannen som log, 1994) La falsa pista (Villospår, 1995) La quinta mujer (Den femte kvinnan, 1996) Pisando los talones (Steget efter, 1997) Cortafuegos (Brandvägg, 1998) La pirámide (Pyramiden, 1999). Colección de relatos cortos sobre sus inicios policiales. Antes de que hiele (Innan frosten, 2002). Protagonizada por su hija Linda. El hombre inquieto (Den orolige mannen, 2009)
Ramiro Pinilla García (Bilbao, 1923) es un escritor de larga trayectoria, que nadando a contracorriente, incluso publicando él mismo sus novelas, ha obtenido importantes galardones literarios. Si en 1960 ganó el Nadal y después el Premio de la Crítica por Las Ciegas hormigas, en los últimos años su trilogía Verdes valles, colinas rojas (Tusquets, 2005) ha obtenido el Premio Euskadi de novela, de nuevo el de la Crítica, y el Nacional de Narrativa.
Su primera novela, Misterio de la pensión Florrie (1944), publicada como Romo P. Girca, fue una incursión juvenil (como el ingenuo juego con las grafías de su nombre y apellidos para componer el seudónimo) en el género policial que se vendió en los quioscos al precio de 3 pesetas.
65 años después, Ramiro Pinilla vuelve a sus orígenes con Sólo un muerto más (2009, Tusquets), novela que dedica con ironía a su alter ego Romo P. Girca en recuerdo de su debut literario que, según él mismo reconoce, fue muy malo.
En el paisaje autobiográfico y literario de Getxo y de la playa de Arrigunaga sitúa Ramiro Pinilla a su protagonista Sancho Bordaberri, librero y autor compulsivo de ficciones policíacas que las editoriales le devuelven, una y otra vez, con la misma perseverancia que él emplea en escribirlas. Cuando su decimosexta novela sufre la misma suerte que las anteriores, decide tirarla al mar y abandonar su carrera. En ese mismo momento, contempla desde la playa la peña de Apraiz donde diez años antes, en 1935, se cometió un crimen: los hermanos gemelos Altube, no muy queridos en el pueblo, fueron encadenados a una argolla para que “la pleamar los ahogara.” Uno de ellos murió.
El recuerdo del crimen le abre los ojos: su camino literario deberá discurrir por el realismo, que, además de entregarle una novela le permitirá resolver el asesinato. Es así como Sancho Bordaberri para administrar justicia se convierte en el detective Samuel Esparta, nuevo Sam Spade, auxiliado por la rubia oxigenada Koldobike en el papel de secretaria de su improvisado despacho donde, a falta de clientes a cincuenta pesetas diarias más gastos, recibe palizas falangistas. Es así como el librero, a pesar de llamarse irónicamente Sancho, se transforma en un moderno Don Quijote de posguerra que, en vez de libros de caballería, ha devorado a Hammett, Chandler, Cain y Himes, y que, en lugar de armadura, viste traje, corbata y sombrero porque así lo exigen los cánones del género negro.
Sin duda lo más interesante de Sólo un muerto más reside en este juego intertextual o metaliterario que está en el origen de la propia novela: el caso ahora aclarado aparecía sin resolver en Verdes valles, colinas rojas, la aclamada trilogía de Pinilla.
Menor interés tienen en esta obra, me parece, las referencias a una posguerra española comandada por poetas falangistas que tan pronto loaban en ripios sonoros el imperiohaciadiós patrio como ajusticiaban a los rojos separatistas vascos o se forraban con el estraperlo.
Estaremos al tanto de la anunciada continuación de las aventuras del detective librero Samuel Esparta.