26 de octubre de 2010

Michael Connelly: Nueve dragones


Uno de los rasgos más característicos de la narrativa de Michael Connelly es hacer que coincidan en sus obras personajes de sus diferentes novelas. A lo largo de su ya larga trayectoria Harry Bosch se ha encontrado y reencontrado en muy variadas circunstancias con Terry McCaleb, Roy Lindell, Rachel Walling, Jerry Edgar, Jack McEvoy, o, incluso, Cassie Black (Luna funesta). Recordemos cómo en El veredicto aparecen incluso tres de sus protagonistas: Harry Bosch, Mickey Haller y Jack McEvoy

Michael Connelly ha ido tejiendo en su mundo literario, por tanto, una densa red de relaciones interpersonales entre sus personajes, y de referencias entre sus novelas. De este juego intertextual, tan típico también de Paul Auster, por ejemplo, surge Nueve dragones (Nine Dragons, 2009).


En los últimos capítulos de El vuelo del ángel (1999) Harry Bosch se ve inmerso en los disturbios raciales de South Bay, al sur de Los Ángeles. Tras haber estado a punto de perder la vida, Bosch necesita fumar. Entra en Fortune Liquors, una tienda de licores que ha sido saqueada. Las estanterías están vacías. El suelo está sembrado de botellas rotas y el sitio apesta a alcohol. Los asaltantes no han dejado ni una sola cajetilla de tabaco. El propietario asiático de la tienda ofrece a Bosch el último cigarrillo Camel que le queda. El detective agradece el detalle y recoge unas cerillas con publicidad de la tienda. Ya en la calle, fuma satisfecho de seguir vivo. Abre el librillo de cerillas y encuentra en su interior un aforismo: “Dichoso aquel que halla solaz en sí mismo”. Guarda las cerillas en un bolsillo y al hacerlo encuentra arroz del día de su boda con Eleanor Wish.

Doce años después, en Nueve dragones, Harry Bosch no fuma desde hace tiempo. Le crujen las rodillas cuando se agacha y necesita gafas para leer. Su hija tiene ya trece años y vive con su madre en Hong Kong. Continúa trabajando en Homicidios Especiales. Su joven compañero Ignacio Ferras le decepciona cada día más debido a su falta de compromiso desde que fue herido (El observatorio) y a que sus obligaciones familiares han aumentado. Tras unas semanas de tranquilidad Bosch se reencuentra con el pasado. John Li, el anciano propietario de Fortune Liquors, ha sido asesinado.

Cuando, acompañado por Ferras, llega al lugar del crimen lo primero que hace es sacar de un bolsillo de su chaqueta un librito de fósforos viejo y gastado. Sólo falta una cerilla y en el interior aparece el aforismo ya conocido: “Dichoso aquel que halla solaz en sí mismo.” Bosch había llevado en el bolsillo aquellas cerillas en el bolsillo durante años, “no tanto porque creyera que eso le daría buena fortuna, sino porque creía en lo que decía.”

Con su pasado siempre a cuestas, no tiene mucho tiempo para la nostalgia. Promete a los hijos de la víctima resolver el asesinato. Aparentemente se trata de un atraco, pero una grabación de las cámaras de seguridad del local prueba que la víctima estaba siendo extorsionada por la mafia china, la Tríada. Pronto se detiene a un sospechoso; pero Bosch recibe el aviso de que su hija ha sido secuestrada en lo que parece un intento por detener la investigación. El detective viaja a Hong Kong para salvar a Maddie mientras la ciudad celebra el festival del Espíritu Hambriento. Su vida dará un giro totalmente inesperado.

En su decimocuarta novela como protagonista Harry Bosch continúa siendo un solitario policía aficionado al jazz que sigue fiel a su misión. A lo que él llama la "religión azul", la fe en que los crímenes no quedarán impunes; pero cuando ya su carrera está llegando a su fin encuentra una nueva misión: el cuidado de su hija.

La mejor de las tres últimas novelas protagonizadas por Harry Bosch, pero lejos de la intensidad de sus primeras apariciones.

Michael Connelly: Nueve dragones, Roca Editorial, 2010.

Todo sobre Harry Bosch y Michael Connelly en woodrowwilsondrive.es

23 de septiembre de 2010

Patricia Highsmith: Mar de fondo




¿Cómo reaccionarías si tu pareja te fuese infiel una y otra vez sin disimulo, con distintas personas, en tu propia casa o en las fiestas? ¿Qué harías si todos tus amigos y vecinos lo supieran escandalizados? ¿Solicitarías el divorcio o le pedirías discreción al menos? ¿Asesinarías a sus amantes?

Mar de fondo nos sumerge en estas insólitas dudas.

Las novelas de Patricia Highsmith (1921-1995) nunca son amables. Consiguen irritarnos porque, enfrentados a situaciones poco habituales, acabamos sin querer sometidos a un test que consigue que revisemos nuestros propios códigos. En ese proceso de instrospección el desasosiego proviene del hecho de pensar que nunca actuaríamos como lo hacen sus ambiguos personajes, movidos por principios morales que nunca compartiríamos, ¿o sí?

En Mar de fondo, Victor Van Allen vive de las rentas mientras practica sus aficiones: la impresión y la encuadernación de libros, la cría de caracoles, la cultura de las abejas, hacer queso, la carpintería, la música y la pintura, mirar las estrellas con su telescopio. A su mujer, Melinda, le aburre todo eso. Ella prefiere bailar, tomar copas, ir de fiestas, o, como nueva Emma Bovary del siglo XX, entregarse a sus amantes mientras ignora a su hija y a su marido. Patricia Highsmith realiza un explícito guiño literario al personaje de Flaubert. Cuando Melinda duda sobre su disfraz para asistir a un fiesta, su marido le sugiere con ironía el personaje de Madame Bovary.

Ante todo ello, Vic asume con deportividad olímpica los constantes amoríos y desplantes de su Melinda a la que simplemente considera una inmadura (la habitual misogina de Patricia Highsmith). Incluso hubiera sido capaz de llegar a un acuerdo razonable si “ella estuviera con un hombre de cierta talla y dignidad, que tomase por amante a un hombre con ideas en la cabeza... Era capaz de imaginar una especie de arreglo caritativo, imparcial y civilizado en que los tres podrían ser felices. Dostoievski sabía lo que quería decir. Y Goethe también podría haberlo entendido.”

Vic le propone claramente: “Me gustaría que eligieses un hombre –incluso varios si quisieras- que tuviera un poco de cerebro. ¿No lo ves posible?” Ella, por su parte, no parece escuchar ni siquiera esta tan poco frecuente proposición.




Patricia Highsmith había publicado su primera novela, Extraños en un tren, en 1950. La adaptación al cine realizado por Alfred Hitchcock le supuso la fama inmediata. Mar de fondo (1957) es su quinta novela, escrita tras El talento de Mr. Ripley la primera entrega de su personaje universal Tom Ripley.

Mar de fondo, además de una prosa precisa, nos ofrece grandes dosis de tensión psicológica mientras propicia nuestra reflexión sobre las pautas morales, y las convenciones sociales.

Un magistral paseo por la delgada línea entre la normalidad y la patología criminal.

6 de septiembre de 2010

En noviembre Sunset Park de Paul Auster


"Durante casi un año, ha estado tomando fotografías de cosas abandonadas."
"For almost a year now, he has been taking photographs of abandoned things."

Así comienza Sunset Park que en noviembre, al mismo tiempo que en EEUU, aparecerá en España publicada por Anagrama. Tras Invisible encontraremos una novela colectiva protagonizada por el mismo número de hombres que de mujeres.

La nueva novela de Auster se está promocionando en EEUU de la siguiente manera, y alguna pista nos da sobre su contenido:

Sunset Park sigue las esperanzas y los temores de un elenco de personajes inolvidables reunidos por el misterioso Miles Heller durante los meses oscuros del colapso económico de 2008.

Un enigmático joven empleado como basurero en el sur de Florida que fotografía obsesivamente miles de objetos abandonados por las familias desalojadas.

Un grupo de jóvenes en cuclillas en Sunset Park, Brooklyn.
Un hospital de Cosas Rotas, especializado en la reparación de los artefactos de un mundo desaparecido.
El clásico del año 1946 de William Wyler Los mejores años de nuestra vida.
Una famosa actriz que prepara su regreso a Broadway.
Un editor independiente que trata desesperadamente de salvar su negocio y su matrimonio.

Estos son sólo algunos de los elementos que Auster mágicamente entreteje en este inmenso movimiento novela sobre la América contemporánea y sus fantasmas. Sunset Park es una sorprendente partida que confirma a Paul Auster como uno de nuestros escritores vivos más importantes.

Además, La Vanguardia ha publicado una entrevista con Paul Auster realizada por Antonio Lozano.

Esta es una de las respuestas del autor estadounidense:

¿Qué le condujo a escoger un barrio tan degradado como Sunset Park como escenario?

Cuando la economía empezó a colapsarse allá por el verano del 2008, no cesaba de encontrarme en las noticias con historias de gente que perdía su hogar. Decidí que quería escribir sobre alguien que es expulsado de su casa, tratar el tema de la desposesión. Una amiga que vive en Sunset Park me estaba dando un tour por el barrio cuando nos encontramos con una enorme casa abandonada que me llamó poderosamente la atención y de la que tomé muchas fotos. Para escribir siempre necesito contar con un espacio muy específico y delimitado sobre el que proyectar mi imaginación, aunque luego apenas aparezca en el libro o al lector le importe bien poco. Y en esa casa, que al poco demolieron, metí a mis okupas.

Lee la entrevista completa en La Vanguardia

Lee los primeros párrafos de Sunset Park en ¡Esto es Brooklyn!

5 de septiembre de 2010

Kalpana Swaminathan: Los crímenes de Ardeshir Villa


Kalpana Swaminathan (1956) es cirujana pediátrica en Bombay. Como novelista ha publicado Ambrosia for Afters (2003) y Bougainvillea House (2006).

Los crímenes de Ardeshir Villa (The Page 3 Murders, 2006) es la primera novela de una serie policiaca protagonizada por la policía jubilada Lalli cuyas hazañas deductivas son narradas por su anónima sobrina de 33 años, aspirante a escritora. La canción del jardinero (The Gardener’s Song, 2007) es la segunda entrega. Monochrome Madonna (2010), la tercera.

Los crímenes de Ardeshir Villa pertenece a esa clase de relatos que Raymond Chandler criticó por su "poca conciencia de lo que sucede en el mundo" (El simple arte de matar), que plantean al lector el enigma más o menos ingenioso de un asesinato cometido en un lugar cerrado por alguno de los variopintos personajes agrupados allí que tendrán que rendir cuentas a un agudísimo e infalible detective. Relatos que nos presentan "misterios perfumados con capullos de magnolia" (en este caso, con aroma a curry) y cuya más conocida representante es Agatha Christie.

En esta ocasión, Kalpana Swaminathan, ignorando la realidad social de la India, encierra en la mansión de Bombay que da título a la versión española a una serie de celebridades locales para celebrar una fiesta de varios días y para descubrir que comparten más de un secreto inconfesable. Disfrutarán principalmente de sofisticados menús culinarios que la autora se complace en describir con detalle sin ahorrar páginas; pero alguien no parece apreciar las delicias de la cocina hindú y asesina al cocinero.

Dora Sales, la traductora de la novela, en un generoso e interesante epílogo realiza con notable autoridad un comentario de texto de la novela. Justifica, además, una decisión personal que afecta irreparablemente a la traducción de la obra. Resulta que Los crímenes de Ardeshir Villa está escrita en inglés en el original, pero contiene innumerables palabras indias, sobre todo términos gastronómicos. La traductora ha preferido, al contrario que en otros casos semejantes, no incluir un glosario con la traducción de esas palabras, sino explicar su significado mediante la aposición explicativa. En mi opinión, ello desvirtúa el texto y lo hace totalmente artificial, incluso ilegible por momentos. Más próximo al recetario de cocina que a la narrativa. Un ejemplo:

"Kandivli me ofrecía khandvi -un aperitivo gujarati hecho con harina de garbanzos y leche ácida- y Dombivli me daba avial, un plato de Kerala compuesto por verduras variadas con salsa condimentada con coco y cuajada. Como entrantes tomé sol kadi, sopa de fruta ácida, de Mahim, y de postre lagan nu custard, tarta nupcial de crema, de Churchgate, que está tan cerca como la línea de Colaba." (p.147)

Si aplicásemos el mismo criterio a las primeras líneas de El Quijote ecnontraríamos lo siguiente:

"En un lugar de la Mancha, esa región natural e histórica situada en la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha, en el centro de España, que ocupa buena parte de las provincias de Albacete, Ciudad Real, Cuenca y Toledo, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo, una de esas personas que por su sangre es de una clase noble y distinguida, de los de lanza en astillero, que es una percha en que se ponen las armas, adarga, o escudo de cuero, ovalado o de forma de corazón, antigua, rocín flaco y galgo corredor."

Absurdo, ¿no?

En conclusión, una novela sin interés, de planteamiento caduco, que no aporta nada al género, más allá del exotismo costumbrista. Recomendada sólo para aficionados a la cocina hindú.

Kalpana Swaminathan: Los crímenes de Ardeshir Villa, Ediciones Siruela, 2009.

Erikah Badu condenada por Window seat

En EEUU, la tierra de las libertades, un tribunal de Dallas ha condenado a Erikah Badu a una multa y a seis meses de libertad condicional por desnudarse en la calle durante la grabación del vídeo de su canción Window seat. El vídeo fue realizado en la plaza donde en 1963 fue asesinado el presidente John F. Kennedy. Algún transeúnte que presenció el desnudo puso la denuncia.

En una de sus novelas escribe Philip Roth: "El giro a la derecha en este país es un movimiento para sustituir las instituciones políticas por la moralidad: su moralidad. Sexo y Dios. Xenofobia. Una cultura de absoluta intolerancia."

Esta noticia parece un buen ejemplo de ello. ¿No crees?

23 de agosto de 2010

Brad Mehldau. Felicidades

23 de agosto de 2010. Brad Mehlday cumple cuarenta años. Lo recordamos con esta versión de la conocida 50 Ways to Leave Your Lover de Paul Simon.

17 de agosto de 2010

La interpretación de los sueños. (Christopher Nolan: Origen)

Una recomendación: no dejes de acudir al cine para disfrutar de la última película de Christopher Nolan. El director que nos dejó boquiabiertos con Memento (2000) consigue ahora alucinarnos con su última obra.

Afirma Nolan que Origen (Inception, 2010) es en realidad una película de ladrones. En efecto, una banda comandada por Leonardo DiCaprio se dedica a robar sueños, pero también a introducirlos en la mente de sus víctimas.

Una película sobre sueños que consigue lo mismo que nuestros sueños: sin demasiada coherencia lógica, nos sorprende, nos maravilla, nos llena de desasosiego...

El argumento, en cambio, es endeble, adornado de palabrería y conceptos pseudometafísicos un tanto tramposos. Disfruta, por tanto, de la magia de las imágenes, de su enorme poder de sugestión visual, y deja la interpretación de los sueños para los psicoanalistas.

16 de agosto de 2010

Adiós a Abbey Lincoln

En agosto de 2007, a propósito de la desaparición de Max Roach, escribí:

Uno de los discos que más frecuento este verano es Abbey sings Abbey, la última obra de Abbey Lincoln. Se trata de un disco de nuevas versiones de algunas de sus mejores composiciones. Lo primero que sorprende son los nuevos arreglos. En ocasiones con aires countries o hawaianos y con la presencia de la guitarra (de Larry Campbell, habitual de Dylan o Costello), del acordeón o del cello. En tiempos de tanta fácil mediocridad encontramos un disco imprescindible de gran belleza y sensibilidad.



El azar ha querido con exactitud que tres años después de Max Roach haya fallecido la que fue durante un tiempo su mujer, la gran Abbey Lincoln. Abbey sings Abbey sigue siendo su último disco.

Su nombre real era Anna Marie Wooldridge. En sus inicios conoció a Louis Armstrong o a Billie Holliday, de la que era admiradora y a la que dedicó un disco de homenaje. Durante sus más de 50 años de carrera trabajó con figuras esenciales como Eric Dolphy, Sonny Rollins, Benny Carter, Coleman Hawkins... o, cómo no, Max Roach.

Compositora y letrista de muchas de sus piezas. se dedicó, además, a la poesía, a las artes plásticas, al cine y, sobre todo, a la defensa de los derechos humanos y a la lucha contra la discriminación racial. Durante un tiempo y tras un largo viaje por África cambió su nombre por el de Aminata Moseka para indicar su compromiso político.

Mi disco favorito de Abbey Lincoln es A turtle’s dream que grabó en 1994 con la colaboración, entre otros, de Roy Hargrove, Kenny Barron, Lucky Peterson, Charlie Haden, Pat Metheny... (¡casi nada!) Esta obra incluye canciones sobrecogedoras como Should’ve been, o como la versión de Avec le temps, superior en mi opinión a la original de Leo Ferré.

1 de agosto de 2010

Desaparece El ambigú de Diego Manrique


Si consultas en este blog la lista de mis sitios favoritos, comprobarás que hay un enlace a El ambigú, el programa de Radio 3. Si entras en el sitio puedes leer lo siguiente:

El Ambigú: conducido por Diego A. Manrique desde 1992 y cesado por RNE el 22 de julio de 2010.

Desde hace más de treinta años soy seguidor incondicional de Diego Manrique. He leído sus artículos sobre música (Vibraciones, Star, El País...), he visto sus programas de TV (Popgrama), y sobre todo he escuchado fielmente sus programas de radio (Para vosotros jóvenes, El ambigú...). Sin duda, mi sensibilidad musical y mis conocimientos sobre pop, rock, blues, jazz... le deben muchísimo.

Diego Manrique es un maestro en su profesión que ha recibido numerosos reconocimientos. Me resulta incomprensible que cualquier empresa (una radio pública, en este caso) pueda prescindir de un especialista de su nivel. Radio Nacional de España habla de reajuste del organigrama, aunque sin duda subyacen motivos económicos. Hoy en día lo medimos todo en términos monetarios.

Recientemente he leído que el grupo favorito de nuestro Presidente de Gobierno es Supertramp. Intento respetar todos los gustos, pero este ejemplo representa a la perfección cuál es el nivel cultural en materia musical de nuestros políticos. Quizá ahí radique la explicación del disparate.

En los últimos años estamos viendo cómo los programas y las personas que hicieron grande a Radio 3 han ido desapareciendo. Estamos asistiendo al desmantelamiento a conciencia de la emisora que fue la referencia imprescindible de la música en España. Estoy convencido de que en pocos años seremos testigos de la desaparición definitiva o de la privatización de Radio 3. De momento, alguien se está encargando de ahuyentar a sus oyentes. Al menos yo, digo adiós.

En cualquier caso, desde hace unos días, sin El ambigú de Diego Manrique, este país es mucho más pobre musicalmente.

Entrevista en Efe Eme con Diego Manrique

RNE prescinde del mítico El ambigú tras 18 años


2 de julio de 2010

Jon Allen: Dead Man's Suit

Como hay que ir relajándose para el verano aquí va el vídeo de una canción redonda y refrescante. Es Dead Man's Suit de Jon Allen (1977).

Jon Allen tiene 33 años, es de Winchester (Reino Unido) y reconoce que Dylan, Lennon y Stewart forman su trío favorito. Buenas referencias.

A disfrutar.


21 de junio de 2010

Obrigado, José Saramago


José Saramago ha sido uno de mis autores preferidos desde que leí El año de la muerte de Ricardo Reis (1984). Luego vendría El evangelio según Jesucristo (1991), una novela deslumbrante cuya lectura siempre he recomendado. Despues, tantas novelas memorables hasta llegar a Caín, que comenté hace pocos meses en este blog.

Supongo que El evangelio según Jesucristo y Caín estarían bien presentes en la mente del articulista asalariado del Vaticano que aprovechó la muerte de Saramago para cargar contra él con manoseados tópicos, trasnochados argumentos y nula elegancia. Debería la Iglesia Católica Apostólica Romana, cada vez más alejada de la realidad social, dedicar con humildad sus esfuerzos críticos a analizar su recorrido histórico y su propia actuación, aunque sólo fuera durante el siglo XX.

Predicó Saramago el respeto con la misma fuerza que denunció la barbaridad y el horror cometidos en nombre de cualquier religión, de cualquier dios. El Vaticano se sintió aludido. Por algo será. Entre la prepotente intolerancia de la Iglesia y la lúcida mirada de Saramago tengo clara mi elección.

Se ha repetido que el mejor homenaje que podemos hacer a Saramago, a cualquier autor, es leer sus obras. Estoy de acuerdo. Aquí va mi recuerdo. La elección de este fragmento de El evangelio según Jesucristo no es casual.

Entonces volvió Jesús lentamente el rostro hacia ella y le dijo, No conozco mujer. María le tomó las manos, Así tenemos que empezar todos, hombres que no conocían mujer, mujeres que no conocían hombre, un día el que sabía enseñó, el que no sabía aprendió, Quieres enseñarme tú, Para que tengas otro motivo de gratitud, Así nunca acabaré de agradecerte, Y yo nunca acabaré de enseñarte.

María se levantó, fue a cerrar la puerta del patio, pero primero colgó cualquier cosa por el lado de fuera, señal que sería de entendimiento para los clientes que vinieran por ella, de que había cerrado su puerta porque llegó la hora de cantar, Levántate, viento del norte, ven tú, viento del mediodía, sopla en mi jardín para que se dispersen sus aromas, entre mi amado en su jardín y coma de sus deliciosos frutos. Luego, juntos, Jesús amparado, como antes hiciera, en el hombro de María, prostituta de Magdala que lo curó y lo va a recibir en su cama, entraron en la casa, en la penumbra propicia de un cuarto fresco y limpio.

La cama no es aquella rústica estera tendida en el suelo, con un cobertor pardo encima que Jesús siempre vio en casa de sus padres mientras allí vivió, éste es un verdadero lecho como aquel del que alguien dijo, Adorné mi cama con cobertores, con colchas bordadas de lino de Egipto, perfumé mi lecho con mirra, aloes y cinamomo. María de Magdala llevó a Jesús hasta un lugar junto al horno, donde era el suelo de ladrillo, y allí, rechazando el auxilio de él, con sus manos lo desnudó y lavó, a veces tocándole el cuerpo, aquí y aquí, y aquí, con las puntas de los dedos, besándolo levemente en el pecho y en los muslos, de un lado y del otro. Estos roces delicados hacían estremecer a Jesús, las uñas de la mujer le causaban escalofríos cuando le recorrían la piel, No tengas miedo, dijo María de Magdala.

6 de junio de 2010

Henning Mankell: Diario de un viaje al horror


Henning Mankell, escritor habitual en Microscopio del Dr. Winter, es noticia estos días no por sus novelas, sino por su labor como activista. Mankell formando parte de la operación Ship to Gaza viajaba en uno de los barcos que fue apresado por Israel el día 31 de mayo. 9 personas resultaron muertas en el ataque del ejército israelí en aguas internacionales.

Varios medios informativos han publicado el diario en el que Mankell recuerda su viaje al horror.

En el segundo párrafo el escritor sueco argumenta de esta manera el objetivo de la operación:

"La operación Ship to Gaza tiene un objetivo claro y bien definido: romper el bloqueo al que Israel tiene sometida la franja de Gaza. Desde la guerra de hace poco más de un año, la vida de los palestinos que habitan la zona se ha convertido en un infierno cada vez más insoportable."

Y explica, a continuación, su compromiso personal:

"Las palabras se demuestran con la acción, pienso. Resulta fácil decir que se apoya, se defiende o se combate esto o aquello. Sin embargo, es en la acción donde se materializan como un hecho probado ese tipo de declaraciones. Es preciso que los palestinos a quienes los israelíes obligan a vivir en aquel infierno sepan que no están solos, que no los hemos olvidado."

Puedes leer el diario completo publicado en El País en este vínculo: Diario de un viaje al horror

30 de mayo de 2010

The Ballad of Lucy Jordan

La película Thelma y Louise (no dejes de consultar la bien documentada entrada en Wikipedia) dirigida en 1991 por Ridley Scott contaba en su banda sonora con una conocida canción interpretada por Marianne Faithfull: The Ballad of Lucy Jordan.



Lo que no todo el mundo sabe es que la canción, que aparecía en su disco Broken English (1979), no es original de Marianne Faithfull, sino del poeta y compositor estadounidense Shel Silverstein.

La balada de Lucy Jordan

El sol de la mañana acariciaba suavemente
Los ojos de Lucy Jordan
En un blanco dormitorio suburbano
En una blanca ciudad suburbana
Mientras estaba acostada bajo las mantas
Soñando con miles de amantes
Hasta que el mundo se volvió naranja
Y la habitación comenzó a dar vueltas

A los 37 años
Se daba cuenta de que nunca
Conduciría por París en un coche deportivo
Con el cálido viento en su pelo
Así que dejó el teléfono sonar
Y estaba sentada cantando dulcemente
Cancioncillas infantiles que había aprendido
En la butaca de su papá.

Su marido está en el trabajo
Los niños están en el colegio
Y hay, oh, tantas maneras
Para ella de pasar el día
Podría limpiar la case durante horas
O trasplantar las flores
O correr desnuda por las calles sombrías
Gritando todo el tiempo.

A los 37 años
Se daba cuenta de que nunca
Conduciría por París en un coche deportivo
Con el cálido viento en su pelo
Así que dejó el teléfono sonar
Mientras estaba sentada cantando dulcemente
Bonitas canciones infantiles que había aprendido
En la butaca de su papá.

El sol de la tarde acariciaba dulcemente
Los ojos de Lucy Jordan
En el tejado al que subió
Cuando las risas fueron estridentes
Y ella se inclinó e hizo una reverencia al hombre
Que llegó y le ofreció su mano,
Y la llevó hasta el largo coche blanco
Que esperaba más allá de la multitud.
A los 37 años
Supo que lo había encontrado para siempre
Mientras conducía por París
Con el cálido viento en su pelo.


The Ballad of Lucy Jordan

The mornin' sun touched lightly
On the eyes of Lucy Jordan
In her white suburban bedroom
In her white suburban town
As she lay there, neath the covers
Dreamin' of a thousand lovers'
Til the world turned orange
And the room went spinnin' round

At the age of thirty-seven
She realised she'd never ride
Through Paris in a sportscar
With the warm wind in her hair
So she let the phone keep ringing
As she sat there softly singin'
Pretty nurs'ry rhymes she'd memorised
In her daddy's easy chair

Her husband he was off to work
And the kids were off to school
And there were on so many ways
For her to spend the day
She could clean the house for hours
Or rearrange the flowers
Or run naked down the shady street
Screamin' all the way

At the age of thirty-seven
She realised she'd never ride
Through Paris in a sportscar
With the warm wind in her hair
So she let the phone keep ringing
As she sat there softly singin'
Pretty nurs'ry rhymes she'd memorised
In her daddy's easy chair

The evenin' sun touched gently on
The eyes of Lucy Jordan
On the rooftop where she climbed
When all the laughter grew too loud
And she bowed and curtseyed to the man
Who reached and offered her his hand
And led her down to the long white car
That waited past the crowd

At the age of thirty-seven
She knew she'd found forever
As she rode along through Paris
with the warm wind in her hair ...